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Mi madre y su creatividad.... Lo que se hereda no se hurta.

Mi impulso por crear siempre ha formado parte de mí.
Con el tiempo entendí que viene de mi madre.
En una Lima mucho más tradicional, donde lo esperado era seguir caminos ya marcados, ella hacía algo distinto.
Mi madre creaba cosas novedosas, fuera de lo convencional,
pero siempre con algo en común: eran deseadas y vendibles.
Más que una gran empresaria, era una emprendedora de corazón, audaz y creativa.
Era una artesana y diseñadora autodidacta, con una intuición extraordinaria.
Sin saberlo, me enseñó lo que significa sostener un pequeño negocio:
Crear, dar forma, valorar el propio trabajo y ofrecerlo al mundo.
Todo esto mientras criaba seis hijos.
Yo, que era la más pequeña, vivía a su lado observándola.
La veía dibujar tarjetas de Primera Comunión,
diseñar vestidos para muñecas y osos de peluche,
crear conjuntos en alpaca y pintar delicados cuadros botánicos.
Antes de que “emprender” existiera como lo entendemos hoy,
Ella ya lo hacía — con discreción y una tenacidad admirable.
Hoy, en cada pañuelo, en cada color y en cada trazo, sé que hay una parte de ella.
Porque crear no es solo hacer algo bello.
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